A caballo y con águila en mano, Aisholpan desafía al machismo en Mongolia

Aisholpan estaba predestinada nacer en Mongolia, nadie sabía que con su nacimiento llegaría a  convertirse en un efecto mariposa para la construcción social de su clan de nómadas. En la psique de los ancianos del clan, ella es como una mariposa, sensible y delicada que para no correr ningún peligro debe mantenerse dentro del hogar como mujer y como madre, para dedicarse de lleno a sus hijos o complacer a su marido en cuestiones culinarias y sexuales.

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Ella, una niña limpia de todo prejuicio que lo que más en este mundo es a su padre. Éste corresponde de igual modo el cariño y admiración que su hija siente por él pues la considera su maestro. La apoya y enseña las actividades qué él realiza despojándose de todo prejuicio en relación los roles de género. Poco a poco Aisholpan logró cierta rudeza en su fuerza física y sus decisiones. Su sueño es convertirse en cetrera, actividad que por siglos fuera exclusivo para varones; heredada por generaciones de padre a hijo.

Con solo 13 años está decidida hacer lo que le gusta y en su inocencia no repara en pensar si lo que quiere va en contra de la cultura misma de muchos de los grupos nómadas que habitan Mongolia. Ella es la primogénita y de manera natural la vida la puso a la par de su padre al ayudarle en todas las actividades “propia de los hombres”.

Desde pequeña a Aisholpan vive fascinada con las águilas, le encantan los caballos, la ropa y el equipo que se utiliza para cazar. Su padre cree que para ser cetrero no se trata solo de decisión sino algo que va más allá, es un llamado al que no se puede evitar. Ella está llamada a ser cetrera.

La madre desea que Aisholpan ame su propia vida, y no le causa molestia o envidia que ella pase el mayor tiempo con el padre.

El sueño de Aisholpan es convertirse en la primera cazadora con águilas de Mongolia para continuar con la tradición de sus antepasados. Su familia la apoya pero las voces más conservadoras de la comunidad reprueban su decisión por herencia cultural y por convicción de que las mujeres son débiles y frágiles, puede dicen que que cuando el hombre sale de caza, la mujer prepara el té y el agua, ordeñan las vacas, procesa la leche y hace queso. Ellos creen que es difícil que una niña vaya a las montañas a perseguir animales a caballo, ya que les da frío. El padre piensa que los niños y las niñas son iguales, que las niñas podrían hacer lo que hacen los niños con solo intentarlo.

“Dios te ayude a seguir el camino del cazador. Que Dios te mantenga saludable. Que llegues a vieja como yo con los dientes amarillos. Que ningún ave escape de tus manos y que ningún caballo te abandone en tu viaje. Dios es grande” fueron las palabras de bendición y de iniciación del abuelo de Aisholpan para convertirse en cazadora con águila.

De esa forma Aisholpan y su familia sentaron un preceden que los viejos tradicionalistas querían evitar, que los cazadores de águilas enseñaran a sus hijas a montar a caballo para luego sostener un ave. Un anciano comentó que las águilas exigen respeto y coraje algo que una mujer no podría. Para alguien más comentó que su amor por la cacería terminaría en el momento que ella se casara, dando por hecho que sus actividades de ama de casa pasarían a ser prioritarias.

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Aisholpan y su padre participaron en el Festival Anual del Águila Real en donde la sorpresa desde el primer momento fue la aparición de una mujer y por si fuera poco, una niña como competidora. Las miradas atónitas asediaban a Aisholpan y por momento se sentía intimidada y con miedo pero las palabras de su padre la ayudaban a confiar en ella misma.

“Que tu arte prospere. Que nuestros hijos sean como ella” fueron algunas palabras que desde algún lugar del tumulto alguien las pronunció en el momento que Aisholpan celebraba su triunfo como cetrera. Fueron las palabras que callaron la boca de los ancianos conservadores de las comunidades de cazadores. Ahí no terminaba el mal augurio, la retaban a continuar con su prueba final y demostrar que sabía cazar, pues es ahí donde ella probaría su madera como cazadora ante las inclemencias del tiempo de invierno. Fue difícil, y al final Aisholpan lo logró a lado de su compañero de caza, su padre; demostró que puede cazar en medio de las inclemencias del tiempo.

 

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