Triunfa el nacionalismo en Estados Unidos

Para los electores estadounidenses votar o no votar equivalente al debate filosófico de ser o no ser, al final, una opción de tuvo que elegirse, estar o no de acuerdo con el candidato en cuestión; es una opción sin salida. Rojo o azul, asno o elefante, no hay más.

Votar por una mujer heredera de un liberalismo social y progresista contra un hombre totalmente conservador;  centro izquierda y centro derecha. Dos polos equitativamente contrarios.

Históricamente, Estados Unidos ha sido un país netamente nacionalista, defensora del lema “América para los americanos” datada de John Quincy Adams y James Monroe en 1823, en el que se sentenciaba a Europa a la no intervención ni colonización en el continente pero que al mismo tiempo se pronunciaba para dominar los países inferiores de América.

En 2016, esta doctrina aún continúa vigente después que por cientos de años se mantuviera reservada; y es Donald Trump el encargado de resurgirlo, con una nueva visión totalmente nacionalista en el que la supremacía del país debe estar libre de cualquier intruso.

Afortunadamente o infortunadamente la teoría de la espiral del silencio se reveló. Los estadounidenses por fin tuvieron la oportunidad de salir, mostrar su rostro y su esencia patriótica. Aun si Hillary Clinton ganara, el panorama nacionalista permanecería oculto pero siempre estaría ahí como siempre ha estado. No hay una razón de alarma y sorpresa. Así como la corrupción se instaló en México y hemos podido soportarla con todas sus consecuencias, así tendremos que padecer lo que nos depara como latinoamericanos lo que se decidió en las urnas.

Estas elecciones fueron las más incluyentes del mundo entero debido a que la decisión tomada va a afectar directa e indirectamente a cada uno de los países del mundo, principalmente a países tercermundistas y dependientes de Estados Unidos.

En México el panorama catastrófico está dado como sentencia y en el resto de los países, las bolsas de valores y las depreciaciones de monedas están con el alma en un vilo ante el triunfo del candidato republicano.

Es un hecho que las estrategias políticas mexicanas deben cambiar para 2018. Ya no está el sistema demócrata para solapar el confort del neoliberalismo económico para beneficiar a las empresas transnacionales en México. Un giro de 360 grados dará Trump a la economía con los reajustes del TLCAN y con ello el gobierno mexicano debe demostrar su astucia y preparación en cuestiones diplomáticas, económicas y financieras para hacer frente el reto en la administración republicana.

El proteccionismo propuesto por Trump es una estocada hacia el capitalismo depredador y sin duda es el gran miedo para los que dependen de ello. Un socialismo está a punto de colarse y surgir donde nadie lo hubiera pensado.

En cuestiones geopolíticas, el mundo está a punto de enfrentarse a nuevos retos y hasta cierto punto contradictorio hacia el sistema reinante y convencionalista. El mundo debe cambiar de ideologías y esperemos que sean para bien.

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