México: ensaño mortal de sicarios

Se dice que los mexicanos celebramos la muerte. En el profundo de sus corazones, nadie celebra a la muerte ni mucho menos el fallecimiento de un ser querido. Todo lo contrario, los mexicanos y cualquier ser humano de este mundo, tienen pánico a la muerte. Pensar en la muerte aún nos asusta. Nos asusta porque aún no comprendemos el nuevo renacimiento hacia el mictlán.
Muerte; deberías llegar sola y sin dolor; como un perfecto encuentro. Infortunadamente dueles y conmocionas y más cuando te ensañas con niños, jóvenes o aquellos en plena flor de la vida.
En este tiempo han suplantado sus identidades Señor y Señora Muerte. Les han quitado fuerza y la decisión sobre el final de los hombres. Los bandidos de la muerte, ¡asesinos! Son los que buscan adueñarse de las voces, de las almas. Quieren ser los reyes para enmudecer, silenciar.
Carniceros que con plomo, hacha y ácido buscan cercenar y desollar. Así son los nuevos tiempos que corren. Correr y escapar, esconderse o atrincherarse en las moradas. A esta hora de los tiempos ya no hay salida. Nos están acechando, han comenzado a asesinarnos sin piedad.
Odio hay en sus ausentes corazones. No sienten, zombies, ejércitos de Wargos, Huruk Hai y Nazgûl dirigidos por un Sauron. Persiguen y se equivocan. Se les ve al atardecer y a pleno luz del día sin reconocerlos. Buscan su presa como perros dirigibles, logran su cometido y esperan su recompensa para por las noches dormir tranquilamente como una familia normal.
Su trabajo es “agotador”, buscan el menor esfuerzo para ganar fácilmente el pan de cada día; pero yo sé que buscan algo más: poder. Con su sueldo se dan el lujo de presumir su comida, ropa y viajes. Nadie sabe dónde están, a veces puede ocurrir que están disfrazados como familiares, amigos o vecinos.
No tienen miedo, pues le ha sido aniquilada toda sensibilidad. Asesinos a sueldo. Peones detestables que buscan defender a su rey. Buscan reinar a costa de la muerte. Galopan las calles de concreto y los caminos polvorosos, siempre buscando, rastreando. Su olfato lleva impregnado el olor de la sangre, del sudor y del miedo.
Antes, podías confiar hasta en ti mismo y creer que lo asesinatos aislados eran la consecuencia de los actos de esas personas por andar en “malos pasos”; decían y lo siguen repitiendo. Ahora, ya nadie puede salvarte de los imprevisibles de la muerte ni de su andar. Estamos bajo riesgo sin saber por qué.
Un lugar o persona equivocada puede detonar la angustia y el sufrimiento de los que más te quieren o necesitan. Pero somos muy egoístas y solo pensamos en nosotros mismos.
Los carniceros, muchas veces se equivocan pero  le es remoto detenerse a  pesarlo, no les importa. Solo ejecutan la orden. Matan, llevándose consigo sus armas con la mezcla de sangres diversas. Diversas de los sexos y edades.
Es diferente sentir y ver a los treinta (por hablar al azar en cuestión reproductiva) la presencia de la muerte de un familiar que llega a los sesenta (los padres o los hermanos mayores de éstos, e incluso los abuelos); a que se nos imponga la idea de morir ante el entorno social que atravesamos como sociedad.
Dos son asesinados mientras esperaban turno para cortarse el cabello, además, cinco heridos de bala. Todo indica, fue un ajuste de cuentas. Esto, a unas cuadras del lugar donde vivo.
Como es sabido, sexoservidoras y transexuales se apoderan de la avenida Puente de Alvarado cada noche para trabajar. Muchas veces los he visto al caminar de regreso a casa. Ciertas veces se insinúan y tiran piropos. Hace unos días fue asesinado un transexual, unos minutos después de abordar el auto hacia su servicio. Por mera casualidad podría haber recibido un saludo de ella, pero nunca lo sabré. Está muerto.
Hace unos días también, el feminicidio cobró una víctima más en Puebla. Estaría lejos de mi interés (sin dejar de indignarme) si no dijera que era la prima de una de mis mejores amigas. Fue estrangulada con la cadena de su perro. En la última audiencia ante el juez, se dio a conocer el asesino de a la joven pidió 200 mil pesos al padre de ésta y sustrajo una pantalla plana de la casa de la víctima.
Lo más reciente, la facultad donde pasé los cuatro años de la carrera de comunicación fue hasta el lunes, el centro de atención de los medios de información. Días antes de su hallazgo, fue levantada en la Avenida Díaz Mirón junto a dos amigos más. Génesis Deyanira estudiante de excelencia académica en la ilustre FACICO. Fueron hallado muertos.
Así se pasan los días en México, entre desapariciones, secuestro y levantones. La zozobra de cientos de madres que buscan desesperadas a sus hijos. Hallazgos clandestinos de fosas con decenas de cuerpos u osamentas.
Así de cerca andamos de la muerte día a día en nuestro México, sin el interés y desatención de la justicia.
La muerte se convirtió en una maldición. La muerte ya no es digna en México. Es corrupta, mafiosa, exterminadora. Somos víctimas del asalto colateral de odios ajenos.
Para evadir a la muerte hay que pensarla día y noche. Ser astutos frente a ella, nunca descuidarnos. Mirar arriba, abajo, a los lados; cuando caminas, cuando cruzas calles, cuando descansas en casa, cuando convives con amigos o extraños. Desconfía de las sombras; de tu misma si es preciso. Siempre mantente alerta. Porque los asesinos llegan silenciosamente, nunca avisan. Su furia es infernal, vienen poseídos por la droga de la ira, de la avaricia. Evita que toquen tu puerta, como buenos samaritanos, no permitas que se introduzcan sigilosamente ni a tu vida ni a tu casa.
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