El amor de Nelsa y Vladimir

Director: Aleksandra Maciuszek. F en C.: Javier Labrador Deulofeu. Edición: Lorenzo Mora. Productor: Anna Gawlita, Santiago de la Paz, Lucia Díaz Álvarez
Amanece y una pareja indefensa duerme en una cama antigua entre sábanas viejas y almohadas roídas de mugre. Un día más, levantarse cuesta más que en cualquier otro rincón del mundo pero como todo humano hay que salir y vivir. Aquí no existe la depresión, y si existe no llega a calar para tirarse al abandono sino que ambos se rinden a la lucha, a la resistencia y a la sobrevivencia.
En esa Cuba del olvido, de la vejez, del son y la alegría de vivir, transcurre una historia de amor puro entre Nelsa y Vladimir. Una historia decadente hacia la muerte, más nunca del olvido. Dos almas que la vida, el Destino o Dios mismo unieron y celebraron con el nacimiento del pequeño Vladimir.
Casa Blanca, esa pequeña historia no sería posible si la despiadada Nelsa asesinara desde su vientre a un deforme, como los médicos dirían. Pero Casa Blanca existe gracias al omnipotente amor de ella como madre. El amor compasivo de Nelsa, hizo que Vladimir llegara a este mundo.
La vida, la compasión y el amor se conjugan en uno mismo y Casa Blanca es el escenario que ha visto crecer y rodeado de cuidados a la pareja dispareja. Nelsa está en su etapa final de su vida y Vladimir dentro de su alma de niño está casi a llegar a los cuarenta.
Viven solos pero rodeados de amigos y vecinos que siempre están al pendiente de ambos. En una Cuba desgastada por el salitre; la pobreza tiene de rehenes a la humilde pareja. Dos criaturas casi sin conciencia.
Aleksandra Maciuszek es la cómplice y el ángel de la guarda de ambos. Los cuidad desde su mirada, la cámara. Su misión, dejar huella de la existencia de dos seres sobrehumanos. En la mente de Vladimir, no existe la lástima. Solo la rutina es el aprendizaje más fuerte, lo que se le enseñó que iba a ser necesario cuando llegara el momento.
A los 39 años Elsa recibió el regalo de la naturaleza. Una edad muy difícil por la etapa fértil de la mayoría de las mujeres, que lo más tardío se ubica a los 31. Científicamente, el Síndrome de Down es uno de los riegos latentes en un embarazo a los cuarenta.
El ambiente perfecto para Vladimir es el mundo de los niños, ahí es donde encuentra su lugar, entre la inocencia y los juegos. Pero existe otra parte, convivir con adultos, ellos lo tratan como el amigo pequeño o el menor de los hijos. Le enseñan sobre la valentía y la amistad; y en el extremo de los casos, a sobrevivir pescando y perder ese temor al mareo de la lancha en su meneo por sostenerse entre lo acuoso del mar.
Para él, el día es para la diversión. Jugar y estar con los amigos. Pero sabe sus responsabilidades en casa. Sabe que tiene que ir por la comida de su madre, darle de comer,  bañarla, cambiarla y acostarla.
Sabe que no debe pasar mucho tiempo con amigos, porque la vagancia mina en su salud y en su comportamiento. Su madre le regaña todo los días. No debe tomar alcohol. Y siempre hace lo que le dicen que no.
En uno de esos días Nelsa resbaló y cayó de las escaleras. Vladimir recibió una tremenda regañiza. Y fue por culpa suya que provoco la ansiedad y preocupación de la inválida mujer.
A estas alturas sigue generando corajes a la pobre madre de 76 años. Ya no hay mucho que hacer. Vladimir debe alejarse de sus amigos e irse de Casa Blanca, en Matanza podría reiniciarse aprendiendo una actividad pero esto seguramente sucederá en cuanto Nelsa fallezca.
¿Y como espectador qué posición tomar? Como seres humanos no somos insensibles a soltar las lágrimas en silencio. Abrazar a Vladimir y Nelsa en la distancia es un gesto metafísico que bien podría calmar nuestro interior. Una inevitable depresión podría surgir de camino a casa y la historia se perdería en el recuerdo.
El sobresalto emocional debe generar alguna reflexión. La vejez y el síndrome de Down son dos casos que muchos buscaríamos evitar. La primera es inevitable pero existen formas cómplices del miedo que podrían cortarla, la segunda por decisión anticipada puede desprenderse  mucho antes del nacimiento y del apego.
¿Qué sería de Nelsa sin el pequeño Vladimir? ¿Qué sería del amado hijo sin el amor eterno de su madre? ¿Vejez y el retraso mental son visiones de lástima y desprecio o de amor puro y tolerancia?
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