Nuestro ahora, nuestra anarquía

Te prometo anarquía” (2015, Julio Hernández Cordón)  sería  una clara promesa de amor hacia alguien que se pierde y no precisamente porque se muera. Este es el mensaje que nos trae la película del mismo nombre plagado de juventud, amistad, libertad y amor. Cordón es un ciudadano y director multicultural. Nacido en Estados Unidos, registrado como Mexicano y Guatemalteco y ha vivido entre México, Guatemala y Costa Rica. Tiene una visión diferente para retratar la urbanidad debido a que ha tenido contacto vivencial con lugares de gran diferencia social, política y económica.
Cordón tiene en su haber fílmico cinco largometrajes Gasolina (2008), Las marimbas del infierno (2010), Polvo (2011), Hasta el Sol Tiene Manchas  (2012 Experimental) y Ojalá el Sol me Esconda (2013) y varios cortometrajes como Km 31 (2003), De mi Corazón un pedacito tú tienes (2004) y Maleza (2008) y documentales como Norman (2005) y Sí Hubo Genocidio (2005).
Te_prometo_anarquia
Te Prometo Anarquía no es un documental como creía, no es un una película con el cliché que nos han vendido de los anarquistas en los medios de comunicación. Anarquía es la adolescencia, es la juventud, son los tiempos que corren, es una forma de llevar nuestra vida privada, es no etiquetarse sino ser uno mismo, es aprender a vivir y madurar. Es un drama sobre la juventud y sus formas de ver la vida y de vivirla. Te prometo Anarquía es una oda a la juventud. Es un suspiro de aliento y comprensión.
Ambientada en los espacios público de la Ciudad de México, Te Prometo Anarquía, te muestra un lado de convivencia con la sociedad. No te muestra los barrios bajos y su forma de vivir. Evita mostrar lo peor de las calles sino que lo adorna con acrobacias y deporte para que parezcan espacios de cultura, donde los jóvenes están inmersos y son parte de esa conjugación de diversidad. Son ellos y sus vidas y la vida de sus conocidos, amigos y familiares.
Aquí no hay una trama. Basta retratar la vida de los jóvenes y lo que existe o puede existir detrás de un grupo de amigos katers que se divierten y gastan su tiempo entre cuatro ruedas. Hay una planificación para su introducción su desarrollo y su desenlace.  El director entreteje la realidad social que aqueja a los jóvenes y a la sociedad mexicana, el narco. La sexualidad y las ambiciones pueden pasar la factura de una vida hacia la deriva. El final sin duda, te deja sin aliento y quisieras abrazar a Miguel (Diego Calva Hernández) ante la ausencia y el recuerdo del Johnny (Eduardo Martínez Peña)
¿Qué psicología tiene un skater? En esta película, Cordón retrata con delicadeza a sus personajes, ellos tienen sensibilidad, los dota de cierto status por ser los protagonistas. Hay una diferencia entre ellos y los extras.
En cuestiones de tomas, la cámara se vuelve un aliado y un espía. Siempre los dirige de frente y los acompaña desde el asiento trasero del auto. Se queda quieta, observa y mantiene su mirada a lo lejos, los persigue de un lado a otro desde un punto central.
Excelente musicalización a cargo de Erick Bongcam y Alberto Torres. La música lleva de la mano y abraza a los personajes, los acompaña y los consuela. La música completa el arte de toda la película.
Me gusta que el cine me sorprenda y esta vez no fue la excepción. Ante mi gran sentido del prejuicio, quiero verlo como una virtud para inventar respuestas que me gustaría fueran acertadas sin conocer antecedentes de lo que miro o pienso. Jugar a acertar, ese es una forma divertida de ver el mundo. Hacia la espera de una sorpresa, evito leer las sinopsis de las películas porque no quiero deducir toda la historia leyéndola en un párrafo. Prefiero ver el título y leer con la mirada el afiche o imagen que denomina a la película y crear desde la nada, desde un espacio inhabitable, ante un papel en blanco. No leer sinopsis le das oportunidad al director, le otorgas el beneficio de la duda ante el crédito de su trabajo. Se dice que las películas mexicanas son menos concurridas por el espectador ávido de producciones hollywoodensas, no saber quién realiza el trabajo que está por mirar es un gran aliciente por descubrirlo.
Me gusta imaginar. Me gusta equivocarme para mí mismo. Me gusta aprender. Y así llego a la sala de cine, como una hoja en blanco con la intención de devorarme cada instante de la película; los sonidos, las voces, los tonos, las entonaciones, los colores, el vestuario, la ambientación, la música, el encuadre, los movimientos; respirar lo olores, sentir los alientos, reírme y llorar ante una nueva creación y admirar y reconocer quien lo hace.
Fue hermoso y emocionante escuchar el poema La Balada del Ahora de Ashauri.
Nos volvemos lo que éramos antes. Un cacho de carne. Una promesa de borrachera. Los tenis rotos de la secundaria. La tela de tu primer brassiere. Mi primer jabón con pelos. La piel entrando y saliendo. Subiendo y bajando. Deseando y olvidando. Hemos crecido tanto. Hemos cabalgado camas. Hemos destruido amaneceres y ahora estamos solos. Inciertos. Con el tiempo devorando nuestros huesos. Somos una generación de enfermos. A veces felices. A veces con odio. A veces mirando al cielo. Esperando a que llegue un rayo. Un dios. Un avión lleno de amor verdadero. Esperando a que alguien nos resuelva el siglo sin vivir un infierno. Con cigarro en mano platicamos. Lloramos. Nos besamos con el humo de futuro. El líquido de futuro. El último aliento que nuestros padres llamaron futuro. Y que en realidad viene vestido de presente. Y no se siente. No es complaciente. Es lo único que se atreve a hacernos frente. Un espejo a las cinco de la mañana. Ojeras. Golpes. Rasgos de vejez en tu cara. Los años que tanto sonreíste. Las tardes que imaginaste eternas. Huyendo. Viviendo. Volando hacia el sol como gaviotas quebrando este sistema. Nacer y devorar. Devorar y pagar. Pagar y matar. Matar y bailar. Bailar y volar. Vamos a volar hasta que se nos caigan las piernas. Vamos a reinar en los cielos y en una ventana rota. Vamos a besarnos antes de que se nos destruya la era. Un edificio en tu cabeza. Un avión en mis labios. Fuego. Gritos. Tantas muertes y cada viernes en la noche volvemos a marcarnos. Para decirnos mentiras vivas. Que piden leche. Piden pan. Piden que las arrulles hasta caer dormidas. Somos nuestra propia generación. Somos nuestro propio monstruo. Somos nuestro propio ahora. Y aún así, nos estamos queriendo.
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