Cazador del desierto

Podría pensarse que retomar una temática recurrente dentro del cine, como es la migración hacia Estados Unidos, suele ser algo trillado y un problema sobre entendido; pero todo depende desde el cristal dónde se vea y en este caso, desde la visión del director que esté contando una historia.

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En El Viaje de Teo (Walter Doehner, 1999) vimos a un padre morir en el desierto por deshidratación, o en 7 Soles (Pedro Ultreras, 2009) donde un grupo de indocumentados se enfrenta al infierno del desierto, al igual que la primera;  Norteado (Rigoberto Pérezcano, 2009) se contextualiza en el cruce entre México y Estados Unidos y nos narran historias de los que migran y de los que viven en la zona limítrofe,  en Sin Nombre (Cary Joji Fukunaga, 2009) conocimos la historia de unos inmigrantes salvadoreños violentados por la mara salvatrucha infiltrada en territorio mexicano,  y dentro de lo más reciente, está La Jaula de Oro (Diego Quemada-Díez, 2013), con diferentes elementos, ambientes y contextos en sus personajes.

El gran número de películas, documentales (Quién es Dayani Cristal, Which Way Home, La Bestia, El Coyote, El Tren De La Muerte), reportajes o series televisivas narran una historia diferente dependiendo el año, ya que como cualquier proceso social los elementos cambian y se suman otras más, haciendo cada vez más difícil el tránsito y la sobrevivencia hacia el aún llamado sueño americano.

El tema migración puede representarse con una línea del tiempo que va de sur a norte, y puede empezar en Centroamérica, pasando por México y terminar en Estados Unidos; o jugar con el espacio y el tiempo, empezando y terminando en cualquier punto de la línea, según como el escritor le convenga ordenar a sus personajes.

Desierto (Jonás Cuarón, 2015), es el más reciente largometraje que habla de los migrantes contextualizada en una época donde el odio se acentúa en nombre de un nacionalismo puro. Hijo de uno de los directores con gran éxito del cine nacional y hollywodensa, nos sorprende con este thriller que nos mantiene atónitos en la butaca desde el principio hasta el fin.

Jonás Cuarón viene de dirigir un par de cortos (The Shock Doctrine, 2007 y Aningaaq, 2014), ser el co-escritor de Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) y de dirigir su ópera prima, Año Uña (2007).

Desierto tiene un gran soporte como el de Gael García Bernal y Jeffrey Dean Morgan (actuación), de Alfonso Cuarón (Productor), Woodkid (música) y el asesoramiento indirecto de los renombrados González Iñárritu y Emmanuel Lubezki y eso es más que garantía para mantener la atención en todo el mundo y en los festivales de cine para ser nominado a varias categorías en premiaciones.

Desierto llega y nos sumerge en un momento muy delicado del actual contexto político y social. Desde el destape de Donald Trump como candidato a la presidencia de Estados Unidos, cada vez se enardece la división de dos américas en un solo continente. Por un lado, el odio ya no solo a los migrantes sino a toda la comunidad latina radicando en ese país  y por otro, el discurso de supremacía que se pretende posicionar a través de un nacionalismo puro. Aunado a la venta indiscriminada de armas y el racismo histórico que se tiene frente a los afroamericanos, donde una bandera confederada insignia de orgullo poco a poco se va transformando en símbolo de racismo y discriminación.

Así, otros tiempos de cocinan entre grupos políticos, ultraderechistas y ultraconservadores para alimentar diferencias en la mente colectiva del territorio estadounidense. No sabemos cuánta ficción haya dentro de la historia que nos cuenta Jonás pero es bien sabido que existen los cazamigrantes en territorio de Texas conocidos como “Patriots”, “Oathkeepers”, “Three Percenters” o “Minuteman” y lo último, es la utilización de perros amaestrados para cazar inmigrantes.

La película

La película inicia con una escena del amanecer en el desierto en algún de Baja California Norte y Sur que me remontó a una toma similar que duró varios minutos en Luz Silenciosa (Carlos Reygadas, 2007). Si bien es el desierto donde ocurre el inicio y el final de la historia, el nombre debería de ser algo que aluda al asesino en serie y su forma de cazar a los migrantes porque al final “Desierto” se viene quedando muy corto.

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El audio y la musicalización son un gran acierto que hipnotiza. El ritmo es tan constante al igual como lo vimos en Miss Bala (Gerardo Naranjo, 2013) y la música tan potente como en Gravity (Alfonso Cuarón, 2013).

En cuanto a las actuaciones pareciera que Sam (Jeffrey Dean Morgan) se gana las palmas y el odio como protagonista, incuso antes que Gael García Bernal (Moisés); de ahí, nadie tiene una actuación sobresaliente, incluso ni la de Adela (Alondra Hidalgo) como actriz secundaria y mucho menos las de reparto, Mechas (Diego Cataño) y Marco Pérez (Lobo) a quiénes no se les dio oportunidad de demostrar su experiencia histriónica.

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