Hermógenes, radiografía de un criminal

¿Hasta dónde somos capaces de soportar como seres humanos? Según Jean-Jacques Rousseau “el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe” ya que, cuando uno nace, venimos libres de toda clase de imposiciones, obligaciones o formas de pensar y depende del lugar donde crezcamos, poco a poco iremos adquiriendo el comportamiento que nos moldeará. En comparación con los animales, se dice que ellos no piensan y solo reaccionan ante los agentes externos de manera instintiva. Si el hombre es un animal racional como lo definía Aristóteles, entonces llevamos en el inconsciente o el fondo de nuestro ser ese instinto animal. Platón en cambio se aferró al concepto de la razón como una facultad estrictamente de los seres humanos. En cuanto a que el ser humano es un ser político (de la polis) por aferrarse a siempre a lo social, es el inicio de la decadencia del ser.

¿Con qué motivo tantas especificaciones filosóficas sobre el humano? Simplemente porque existe un caso de la vida real que fue llevado a la pantalla grande con el nombre El Patrón, radiografía de un crimen del director Sebastián Schindel y que viene a formar parte de la 60 Muestra Internacional de Cine en la Ciudad de México. Este filme está basada en el libreo del mismo nombre de Elías Neuman editado en 1988 por Emecé Editores en Buenos Aires, Argentina.

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¿Quién fue Elías Neuman (1932-2011)? Fue doctor en Derecho y Ciencias Sociales y profesor de grado y pos grado en Criminología, Victimología y Control Social en la Facultad de Derecho (Ciclo Profesional Orientado) de la Universidad de Buenos Aires (UBA); humanista por convicción, enemigo de los gobiernos totalitarios y de la pena de muerte. Escribió diversas obras en materia penal: Victimología: la Víctima en los Delitos Convencionales y no Convencionales; Prisión Abierta; Victimología y Control Social; La Mediación Penal y la Justicia Restaurativa; El problema sexual de las prisiones, Sociedad carcelaria; Las penas de un penalista; La Legalización de las drogas; La pena de muerte en tiempos del neoliberalismo. Droga y criminología: crónica de muertes silenciadas y Mediación y conciliación penal.[1]

Neuman hacía hincapié un grafiti leído en la celda de un reo en México que decía “En este lugar maldito, donde reina la tristeza, no se condena el delito, se condena la pobreza”. Sin duda, quien haya escrito eso, estaba convencido de su total inocencia. Si las cárceles estuvieran llenas de corrutos y ladrones de cuello blanco, el mundo tendría otras perspectivas de justicia y libertad. La realidad es que las cárceles están llenos de pobres; de gente ignorante sin la mínima capacidad de solventar un abogado para su defensa.

Toda sociedad o sistema de cualquier época de la humanidad y del mundo se han regido y sigue rigiéndose a través de la pirámide del más fuerte. Donde los de abajo se encuentran los más pobres y excluidos de la sociedad; los marginados que viven al día para sobrevivir o subsistir.

Somos seres sociales y la misma sociedad nos somete y nos margina pero sin ella (nos han enseñado) no podemos vivir. En la actualidad los sistemas capitalistas, socialistas o comunistas están sustentados por prácticas políticas, económicas y sociales que al final de cuentas someten al más débil a través de la corrupción. Pareciera que la raíz de toda desgracia viene de nuestros ancestros, mientras más allegados estemos a nuestros antepasados, más es nuestra probabilidad de ser marginados y excluidos de los que se encuentren alejados de sus raíces.

Comparo a un indígena con un ex convicto. Ambos corren con la misma suerte a tratar de insertarse en la sociedad, dónde la pobreza es su único mundo. Como lo dijo Elías Neuman, “yo no estoy diciendo que el excluido o el pobre, sin voz y sin chance,  tienen destino de cárcel, en todo caso su cárcel sin haber cometido delito alguno,  está en la misma libertad… No confundo pobreza con delincuencia y estoy muy lejos de criminalizar, de ese modo, a la pobreza pero, si digo, que hay personas sumamente desesperadas, sin chance, repito, que pueden tomar por el atajo de las adicciones o del delito. ”

El pobre no tiene más abogado que a Dios. A él se le confía y se le entrega la vida. Así, éste tiene entre sus manos su destino, y el pobre no puede ni debe desobedecer su voluntad; y de ese modo, la muerte (de la forma que llegue) es el bálsamo y el regocijo de tanto penar; la paz llega porque todo se ha cumplido.

Aquí entra el caso de Hermógenes Saldívar, un ciudadano argentino pobre, con apariencia indígena de la provincia de Santiago del Estero que emigra hacia Buenos Aires en busca de mejores oportunidades, que ante su situación precaria se somete a maltratos psicológicos para obtener un miserable sueldo y un trato indigno por parte de su patrón, de apellido Latuada.

Hermógenes es un hombre recto, noble, trabajador y obediente a las leyes de Dios, principalmente al mandamiento de NO MATAR. Pero un día, su destino lo tomó por sorpresa y cuando menos lo pensó, estaba apuñalando con un cuchillo carnicero a su patrón. Todo indicaba que por obra de Dios cometió el crimen. Sin embargo, debido a que el hombre es un animal racional, llevaba consigo el instinto de matar. Y es que cuando aflora nuestro instinto no hay poder humano que lo detenga. Las circunstancias llegan al tope y el humano en el fondo mantiene algo puro, y esa es su dignidad. Nadie está por encima de la dignidad y cuando alguien sobrepasa ese derecho natural es momento de defenderla sin mirar cómo y a quién.

¿Qué pasa con las leyes ante un crimen? La ley solo busca castigar, la ley es ciega. La justicia se debate amordazada dentro de un costal amarrado, donde no hay forma de defenderse. Es cuando el mismo Dios, maniobra y busca la forma de defender a ese alguien que le ha entregado su vida. Y en este caso Hermógenes, en la que la piedad de un fiscal (sin ser su deber) se involucra en su caso para defenderlo desde las instancias más humanas que existen.

Rousseau dice en El Contrato Social “El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado”. La libertad es la única dignidad que debe salvaguardarse entre todas las cosas. En El Patrón, radiografía de un Crimen vemos la forma en que el capitalismo financiero busca someter minuciosamente y de manera silenciosa el espíritu de Hermógenes pero su instinto de dignidad se lo impide.

¿Por qué un hombre bueno llega a un nivel de asesinar? Simplemente porque es la única instancia para hacer justicia, o en otras palabras para preservar su libertad. Y eso, la ley debe contemplarla sin prejuicio alguno hacia el asesino. Las leyes deben legislar desde la dignidad humana y no desde el crimen mismo. ¿Qué sigue para el hombre bueno después de cometer asesinato? Llega la culpa y la forma de expiar sus pecados. Cree merecer la pena de muerte.

Pasando a otras anotaciones, si el reconocimiento del cine fuera justo, esta película debería llevarse las mejores menciones y premiaciones y principalmente por la actuación de Joaquín Furriel (Hermógenes Saldívar) que nos sumerge en la psicología de su personaje.

[1] https://www.facebook.com/crimiparateorimaroctvazpa/posts/633498336757679

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