¡Taxi!, ¡Taxi!

Por fin tocó ver Taxi Teherán. Hay algo muy fuerte que me emociona al ver cine iraní. Puede ser porque está situado en Oriente Próximo y Medio Oriente, y todo lo que venga de la cultura islámica no precisamente es buen vista desde la cultura occidental y eso para mí lo hace único y muy interesante. Sabemos que las noticias nunca son alentadoras si provienen de “países salvajes” que someten a la mujer y la palabra terrorismo es su esencia (o lo que nos han clavado en la mente).
Taxi Tehara
Somos culturas opuestas y como tal, hace que mi interés se centre en la esencia misma de la gente, de lo que siente y lo que piensa. Si por un instante estuviéramos en su lugar seríamos iguales o diferentes si no aceptáramos su cultura, pero estaríamos ahí. Habríamos tenido abuelos así o asá, tías y tías, primos y primas, papá y mamá con un corazón y mente impregnado de una cultura que existe y que es real. Si solo un instante fuéramos iraníes…
Pero en esta ocasión ansío hablarles un poco de Taxi Teherán. Esos personajes tan sinceras, sin tacto, confianzudos, imprevisibles o sin sentido común desde un primer momento. No sé si así sean las personas en realidad o son formas de catalogarlas únicamente en la pantalla.
Taxi Teherán viene a formar parte de la selección fílmica de la 60 Muestra Internacional de Cine en México. Jafar Panahi, su director, nos lleva a dar un paso en taxi por la capital iraní. Nos muestra a través de dos cámaras instaladas en el tablero de un taxi diferentes personajes que nos narran sus visiones de algunas cosas. Una cámara apunta hacia el conductor, que en este caso es el mismísimo Jafar Panahi y otra que, dependiendo la situación, es movida para apuntar hacia el copiloto y hacia la parte trasera (derecha, centro o izquierda). Todo inicia con el semáforo en rojo, mostrándonos la vida de la gente común que transita al cruzar la calle.

El taxi es el que dirige la cámara y el director es el chofer. Es el que dirige porque en ningún momento las dos cámaras salen del interior del coche, al menos que alguien se atreva a robarlas. En un primer momento no sabemos si el taxi va ocupado, ya que las primeras imágenes estáticas apuntan hacia el frente, en espera del verde para continuar el recorrido del día. A unos cuantos minutos del verde, una señora aborda el auto y más adelante, como a 100 metros un hombre hace lo mismo. Aquí inicia el viaje hacia una conversación sobre puntos de vista diferentes entre ambos pasajeros, un caso relevante ocurrió en esa ciudad; unos delincuentes fueron sentenciados a ser colgados. Los pasajeros debaten sobre si el problema termina al aplicarse la ley o si es la única forma para aprender y que otros no lo vuelvan a cometer. El hombre se burla de la mujer por sus reflexiones contra la ley y le pregunta a qué se dedica, ella contesta que es maestra. El hombre se burla de sus reflexiones y la mujer le pregunta a él, en qué labora, él se limita a decir que es un freelance. La mujer se empeña en saber cuál es su verdadero trabajo, a lo que el hombre decide bajarse y como despido le dice a la mujer que se dedica a robar a personas con dinero, no a choferes muertos de hambre como el que está al mando del taxi y se dirige con desprecio hacia éste ante la pregunta de un desconocido por cierta calle y que el taxista no supo responder. A unos metros adelante la mujer se baja también. La cámara que enfoca a la mujer queda suspendida por unos segundos, inmediatamente entra a escena un pasajero extra que iba atrás del chofer y que no se sabía que estaba ahí. Éste es un vendedor de películas piratas y ha reconocido al director de cine desde el primer momento. Se dirige a casa de un cliente, un estudiante de cine al que le provee de películas de todos los géneros y nacionalidades. El joven anda desesperado buscando una idea para comenzar a realizar un trabajo, a lo cual Panahi le dice que lo que busca no lo encontrará en otros directores porque ya todo lo han dicho y contado. Era tiempo de buscarlo en otro lado.
Taxi 1
Cuando el tercer pasajero reconoce al director, le dice que si está grabando una nueva película (señalando y casi tocando la cámara) y que si los pasajeros que abandonaron el taxi eras sus personajes. Por un momento, como espectador te preguntas si todo lo visto hasta ese momento es real o actuado.
Después entran actuar dos mujeres que se dirigen al manantial Cheshmeh Ali. Llevan consigo una pecera con dos pececillos rojos que deberán devolver al agua en punto de las 12 de día como parte de un ritual de vida. Hacia su transcurso Fajar recibe una llamada de un familiar y por tal motivo necesita dejar a las mujeres en otro taxi porque él debe recoger a su sobrina en la escuela.
taxi 2
La niña con un carácter fuerte pero al mismo tiempo educada reclama al tío por su llegada en taxi, ya que no es bueno para ella porque se ganaría la burla y la vergüenza de sus otras compañeras. Un rato después, la niña saca una cámara fotográfica y comienza a grabar a su tío y todo lo que realiza. Es para un trabajo de la escuela que su maestra de cine encargó de tarea. Fajar recibe una llamada de un viejo amigo, deciden verse. Él se baja y la niña lo sigue con su cámara desde el coche. Se encuentra en una esquina con el amigo, una persona con saco y corbata. Regresa al coche. La niña lo cuestiona sobre su amigo. El amigo viene hacia ellos y decide llevar a la niña a tomar un café, la deja y el hombre va hacia el coche con su amigo. Le cuenta sobre un robo que cometieron algunas personas que él conoce. Mientras charlaban, llega al coche la persona de la cafetería con dos jugos, el joven es el ladrón. ¿Qué aspecto tiene un ladrón? Nadie lo supo, la cámara lo grabó hasta la cintura y de espaldas. El amigo tenía que contárselo a alguien para sentirse bien, ya que el ladrón lo hizo porque tuvo un problema financiero y en verdad necesitaba el dinero. Lo entendía y comprendía, por tal motivo no iba a tomar represalias.
(La niña de regreso al coche y los amigos se despiden) En el camino, ella lee a su tío un decálogo con lo que debe contar el trabajo fílmico de la pequeña. Eran una serie de prejuicios sobre la gente mala y buena en la cultura iraní que aparecen en las películas; y en este caso solo personas buenas deberán aparecer en la grabación. Al pasar por cierta calle, una amiga activista espera un taxi. Ella lleva cargando un ramo de rosas rojas. Deciden abordarla y la niña pasa a la parte trasera del coche. La amiga cuenta sobre un suceso de jovencitas que fueron arrestadas por jugar bolleyball y que solo una de ellas fue recluida en la cárcel. Le detalla sobre la huelga de hambre que la muchacha realiza y que su madre se opone. Las autoridades tratan grabar a la joven y a la madre (por separadas) deslindando al gobierno que no existe tal acontecimiento. Se despiden.
Taxi 3
La niña encuentra la cartera de una de las pasajeras que llevan los peces. De camino el tío se detiene (al parecer para ir al baño) y se sale del coche. Se dirige a un establecimiento. La jovencita se queda en el auto con la condición de no abrirle la puerta a nadie. Continúa grabando con su cámara fotográfica. Enfoca hacia la calle y en ese momento una pareja de recién casados salen del registro civil, cruzan la calle y se dirigen a su coche, los acompaña un camarógrafo que graba los pormenores del inolvidable acontecimiento. Cerca de ellos se acercaba un niño levantando botellas pet. Se da cuenta que al novio se le cayeron 50 tomanes. La niña no deja de grabar y es testigo cuando el pequeño, disimuladamente recoge el dinero y se aleja hacia un contenedor de basura. Mientras recoge botellas, es llamado por la niña. Ella le pide no arruinar su película, ya que no estaba bien quedarse con el dinero y es convencido de alcanzar a la pareja que ya estaban abordando su coche. El niño, deja el dinero en el punto donde lo recogió. La niña grita para que lo levante y se lo entregue a su dueño. No se escucha nada pero a lo lejos podemos ver que la novia baja el cristal. En ningún momento entregó el dinero y el coche se aleja.
teheran
El conductor regresa al taxi. Siguen el camino al manantial. Se bajan y las cámaras comienzan a grabar estáticamente como el inicio. Sigue al tío y a la sobrina hasta que desaparecen en busca de las dos mujeres. Al parecer eran seguidos por un par de hombres en moto. Se cercioran que hayan bajado al recinto acuático y uno de ellos corre hacia el coche. Comienza a forcejar la manilla de la puerta. Logra abrir y comienza (al parecer) arrancar las cámaras del tablero. El otro que se quedó en la moto le grita que el chofer y copiloto vienen de regreso. Buscaban la memoria de la grabación. No logran su cometido y todo termina con la cámara totalmente fuera de foco y a oscuras.
En Taxi Teherán no cabe la historia de un psicópata bien elaborado al estilo hollywoodense de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), pero se arropa de manera similar a su colega y maestro Abbas Kiarostami, especialista en grabando con cámara estática tal como nos lo muestra en Dah (Ten [Diez], 2002), donde nos cuenta diez historias sociales en la que el sexo femenino está expuesta en Teherán, contada a través de una mujer divorciada a bordo de su automóvil y Ten On Ten (2004) en la que el director nos revela el proceso creativo de su filmografía. La cámara estática en el cine puede envolver momentos con contextos históricos distintos como lo usado en Manakamana (Stephanie Spray, Pacho Velez, 2013).
El director no critica en Taxi Teherán, solo expone los temas reales desde el punto de vista de sus personajes y en momentos prefiere callar, solo escucha. Expone los problemas y puntos de vista pero sin compartir acuerdos o desacuerdos. Sus personajes todos son protagonistas y al mismo tiempo todos tienen la razón.

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