Olvidados en la calle de la amargura

Ya desde Nosotros los Pobres (1948) pasando por Los Olvidados (Luis Buñuel, 1950) o incluso algunas más recientes como Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000), De la Calle (Gerardo Tort, 2001) conocemos la realidad de las personas de clase baja que habitan en los barrios y vecindades populares la gran ciudad de México. Y así podrían desfilar cientos de actores y actrices dando vida a eso personajes, llegando a un punto donde solo cambian los personajes pero la ambientación se mantiene. Miles de historias se cuecen dentro de esas viviendas que si el cine se dedicara a retratarlas caeríamos en un estilo de cine similar a las de las ficheras de la década de los 80.

La Calle de la Amargura

Cientos de telenovelas y diversas teleseries se apropian del contexto vecindad y pareciera que Tepito o cualquier vecindad de la delegación Cuauhtémoc es el Hollywood para esa ambientación. Sin duda alguna, Televisa se apropió de la vida cotidiana de esos lugares y de sus personajes; llegando al punto de no diferenciar si es cliché o es la realidad. Hay que hacer notar que Arturo Ripstein ayudó en la dirección del programa Mujer Casos de la Vida Real y la mayoría de sus actores de cabecera se forjaron en esa televisora.
Llegó la 60 Muestra Internacional de Cine a la Ciudad de México y La Calle de la Amargura (2015) es una de las películas participantes, 100% defeña o mexiqueña y nos narra la historia de unas prostitutas y unos luchadores enanos gemelos. Realizar una película sobre un tema cliché como las prostitutas o los barrios pobres es un reto que debe alcanzarse al proponer una visión diferente para contar una historia ante la competencia actual del cine nacional e internacional. En esta ocasión, Arturo Ripstein, utilizó el formato de cine en blanco y negro tal como lo hizo en 2011 con Las Razones del Corazón.
La fotografía corrió a cargo de Alejandro Cantú e hizo una mancuerna perfecta con el formato utilizado, aprovechándolo al máximo y mostrando en cada escena una excelente obra de arte.
 Esta vez se rodeó de personajes con una madurez, experiencia actoral y un perfil ad hoc a lo que las actrices y actores realizan en la vida real en cuanto a la comicidad. Algunos de ellos han formado parte de la vida fílmica de cineasta como, la actriz Patricia Reyes Espíndola, una de sus principales musas; y Alberto Estrella. La película cuenta además con la participación de Nora Velázquez, Sylvia Pasquel, Alejandro Suárez, Arcelia Ramírez, Juan Francisco Longoria, Guillermo López y Erando González.
Nora Velázquez la inconfundible “Chabelita” y Sylvia Pasquel encasillada en personajes de madre telenovelera que tacha en lo chistosa, son las nuevas adquisiciones del director en su carrera de cineasta. Al parecer Nora Velázquez se lleva las actuaciones al lado de la señora Espíndola. En cuanto a Sylvia Pasquel, a ratos parece actuando en una escena cómica de telenovela y a ratos se perdía el hilo emocional de su personaje ante su sobreactuación. Creo que este papel debió ser interpretada por una de las primeras actrices del cine y la televisión, María Rojo; en el caso de que el filme fuera planeado con una esencia diferente.
La Calle de la Amargura no es la típica película dramática para salir llorando del cine sino al contrario, tiene un lado subliminal de comicidad en los diálogos de sus personajes que pasan de lo verosímil a lo inverosímil, llegado a un estado o nivel de sus vidas que ya uno como espectador no sabe si reír o llorar. Unos luchadores enanos apegados y dominados por su madre ante el interés del dinero, unas putas “de la tercera edad”, un anciano que disfruta su orientación homosexual vistiéndose de mujer, una mujer proxeneta escoltada en todo momento por dos jovencitos y lo más deplorable es el trato hacia una anciana que no es capaz de valerse por sí misma.
El color blanco y negro realza a la fotografía y al mismo tiempo exalta su esencia miserable. La luz fue cuidada al máximo que era difícil diferenciar entre el día y la noche en los espacios cerrados. Las sombras se confundían entre la luz natural o la de una lámpara. Los efectos de la luz del amanecer y del atardecer fueron perfectos para la grabación de algunas escenas.
El ya característico estilo de Ripstein se puede apreciar en diferente tomas como si fuera fotografías de películas anteriores como las escenas de esposos durmiendo en la cama, los espejos o las cómodas de una habitación.
Una clara relación de sus personajes, sus diálogos y la ambientación lo tiene La Mujer del Puerto (1991 México-Estados Unidos) en la que Patricia Reyes Espíndola da vida a Tomasa que vive en un lugar marginal parecido a la vivienda de Adela en La Calle de la Amargura.
La Calle De La Amargura cuenta con la coproducción México-España tal como lo hizo con Foxtrot y desde La Mujer Del Puerto hasta la actualidad no ha dejado de asociarse para financiarse con EeUu, Francia y España.
A lo largo su carrera Ripstein se ha apoderado de las historias urbanas de la capital del país, excepto aquellos basados en novelas como Tiempo de Morir (1965) Los Recuerdos Del Porvenir (1968)  o El Coronel No tiene Quien le Escriba (1998); éstas dos últimas basados en los libros de Elena Garro y Gabriel García Márqez con los mismos nombres respectivos. Sería muy asertivo revelarse a su zona de confort filmar en un contexto y con actores diferentes.
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